domingo, 24 de abril de 2016

Escombros de odio

         Mis ojos desorbitados observaban el muro que se abría ante mí con impotencia, cada ladrillo que lo formaba arrastraba una historia, una emoción, un miedo. Estar parada frente a él siempre me había agobiado, sin embargo, esta vez solo me sentía emocionada, congelada ante los sucesos que pronto marcarían un antes y un después.

        A lo lejos, vislumbré una mancha azul en el suelo e instantáneamente, una corriente de imágenes me sacudió violentamente la memoria. Avancé hacia ella, disimulando el temblor de mis rodillas y, al mismo tiempo, comencé a recordar como treinta años atrás empujé y  pisoteé a la gente, intentando hallar a mi hermano. Todavía lo recordaba tumbado, con su pelo rubio manchado de tierra y sangre, su mirada perdida y, su pálida mano abierta que poco atrás agarraba su peluche azul.

      Llevé mis manos hacia las suaves y cristalinas lágrimas que con lentitud se deslizaban por mis mejillas al revivir una vez más aquel suceso.  Y,  me quedé parada, esperando tras el ahora derrumbado muro de Berlín.



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